Homenaje a Presidentes I República española

El pasado 11 de febrero, y como viene siendo habitual en los últimos años, representantes de las Obediencias que integran el Espacio Masónico de España (EME), Gran Oriente de Francia en España, Federación española de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain y Gran Logia Simbólica Española, realizaron una ofrenda floral en memoria de los Presidentes de la I República española y leyeron el siguiente comunicado:

Buenos días y muchas gracias por haber venido esta (fría) mañana.
Estamos aquí hoy, como todos los  días 11 de febrero, para honrar la memoria de los presidentes de la 1ª República Española.
Entre las personas cuya memoria honramos hoy hay algunos que nos consta que pertenecieron a la masonería; otros respecto de quienes no podríamos asegurarlo; y otros de quienes podemos asegurar que no fueron masones.
Pero eso no importa, porque todos ellos compartieron, en el contexto de esa sociedad convulsa de finales del S.XIX – y con las limitaciones propias de su momento histórico –  el ideal de progreso, libertad, neutralidad religiosa y supremacía del poder civil que nos son tan queridos a  los masones.
No se trata tanto de reivindicar la Republica en sí como forma de Estado (que a lo mejor también lo haríamos muchos de nosotros), sino sobre todo de recordar y poner donde merecen esos valores llamados “republicanos” de imperio de la ley, progreso y laicismo.
Es algo especialmente importante en estos momentos, en los que la ultraderecha, con sus diversos disfraces, campa por el mundo, y se están olvidando conceptos como el valor del ser humano, el respeto a la ley, la no discriminación y la interdicción de la arbitrariedad. Miremos hacia donde miremos, están imponiéndose, poquito a poco e inadvertidamente, los modos y maneras de unos nuevos fascismos, adaptados al siglo XXI y aparentemente menos amenazantes que los clásicos, pero no por ello menos reales.
Y contra eso hemos luchado siempre los masones, trabajando por conseguir un mundo revestido de valores éticos, a la búsqueda del progreso de la humanidad, y el establecimiento de las condiciones necesarias para que cada ser humano pueda buscar- y encontrar- la felicidad, sea ésta lo  que sea para cada uno de nosotros.
Honremos por tanto hoy, tal vez con más fuerza que nunca, a esos hombres (porque sólo hombres eran; la hora de nosotras las mujeres aún no había sonado, lo haría en el siguiente siglo). Honremos a estas personas que, en definitiva, trabajaron por un mundo mejor, y prendieron una luz que aún hoy sigue brillando.

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