Una delegación de nuestra Federación asistió al acto

La colocación de una placa conmemorativa en el lugar en donde tuvo su sede el Gran Oriente de España, es motivo de alegría por cuanto supone un acto de normalidad ciudadana en el que todos los masones actuales, cualquiera que sea nuestra obediencia, nos debemos sentir integrados. Es una ocasión de compartir una mañana de un día del año 2018 y de sentir viva la herencia de muchos años en que una larga serie de hombres y también mujeres, soñaron, como hoy nosotros, un mundo igualitario.

La masonería española durante el siglo XIX y primer tercio del XX fue reflejo de las convulsiones que agitaron la historia de una España en donde los espadones, defensores de las élites, la Iglesia, añorante de su Inquisición, y los liberales emergentes, componían un tejido social, las más de las veces, empapado en sangre. Por eso no es de extrañar la ajetreada historia de nuestros antepasados, la variedad de obediencias y las no siempre fraternales relaciones entre ellas. Pertenecer a la gran familia masónica nos obliga a asumir su realidad histórica y a sentirnos herederos, con sus luces y sus sombras, de todos ellos. De igual forma debemos, sabemos y queremos trazar un espacio social en el que, desde la diversidad de visiones de cada obediencia, podamos construir una convivencia desde el respeto y la solidaridad.

¿Tu verdad? No, la Verdad,

Y ven conmigo a buscarla.

La tuya, guárdatela

Antonio Machado (1919)