Reunion de la UE con representantes de asociaciones no confesionales

General view of the meeting

Estimado Vicepresidente, estimados miembros de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo.

Estimados representantes legales y sociales de la ciudadanía europea aquí presentes.

Estimados amigos y amigas que compartís con nosotros, los miembros del Derecho Humano, Le Droit Humain, los trabajos en favor del Progreso de la Humanidad en general y del proyecto social europeo en particular.

La Europa y su futuro, que hoy debatimos, sólo será posible gracias al esfuerzo de los ciudadanos europeos que tengan como objetivo la conquista de un espacio de crecimiento social, cultural y, por ende, económico, gracias a un trabajo constante.

Sin la voluntad cotidiana de cada habitante, de cada uno de los países que conformamos la Unión Europea, no podríamos hablar de este proyecto común de 27 países. Por ello, permítanme que ponga rostro a los 500 millones de europeos estimados que vivimos dentro de la Unión, con su diversidad en cuanto a razas, credos o ideologías.

Permítanme, por tanto, poner rostro a su realidad. No debemos olvidar que, más allá de las grandes  cifras europeas, nuestro objetivo debe ser las personas, que son quienes desarrollan el camino de todas las mejoras que se producen en nuestra Europa, tanto de aquellas por las que debemos sentirnos orgullosos como las que aún están por hacer o debemos mejorar, y también de aquellas decisiones que deberíamos desterrar de nuestra agenda.

La Unión Europea que conforman nuestros países, no es sólo un espacio geográfico sino que también es político, y se sustenta en la ilusión común e individual de sus ciudadanos por mejorar sus condiciones de vida en un territorio común libre, justo y en Paz. Un espacio donde podamos reconocernos en un plano de igualdad, respeto y fraternidad, que nos impulse a asumir juntos los nuevos retos de necesaria solidaridad europea con los seres humanos que sufren los rigores de la guerra a las puertas europeas y que tanto nos conmueve y perturba, hacinados en campos de refugiados, que buscan encontrar en Europa los valores que defendemos, nuestros valores, y que tradicionalmente han venido siendo las señas de identidad de la Unión Europea.

Cierto es que, gracias al proyecto europeo de más de 60 años que hoy encarnan sus Instituciones, Europa está viviendo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el periodo más largo de paz de su historia moderna. Este proyecto ha conseguido abrirse camino pese a todas las dificultades alcanzando más integración, más cohesión y más bienestar que en cualquier tiempo pasado. Pero también debemos reflexionar: ¿a qué precio? ¿Y hacia dónde debemos dirigirnos?

Este es un debate que está hoy muy vivo en las sociedades de nuestros países.

Desde la perspectiva de la Organización española que represento, El Derecho Humano, Le Droit Humain, hemos analizado intensamente las medidas adoptadas por la Unión Europea en el marco de la dura crisis económica que golpea a los países del sur de Europa, especialmente Grecia, Portugal y España, pero también a países como Francia y Alemania, sin dejar de mencionar a otros como Hungría, Irlanda o Rumanía, que han traído consecuencias nefastas para la población más vulnerable: sin duda la infancia, la juventud y demás personas, excluidos sociales, por falta de trabajo y de oportunidades para encontrarlo.

Desde la perspectiva de nuestros valores, los que son señas de nuestra identidad europea y han contribuido a la construcción de la Unión, es difícil comprender y defender la política que ha recortado hasta el mínimo de subsistencia las pensiones de los jubilados en Grecia; el sistema sanitario europeo ha caído en eficiencia en todos los países, siguiendo las directrices europeas de acceso del sector privado a la Sanidad Pública; o la percepción de la ciudadanía europea de que los problemas económicos de fondo -los que provocaron el crack financiero y que abrieron la puerta a la Gran Recesión- están aún presentes; Ideológicamente están resurgiendo movimientos neonacionalistas y neoxenófobos, que tienen sus raíces en los populismos que fueron en el pasado motivo de desunión, de dolor y sangre derramada por las guerras padecidas en Europa. Y, muy especialmente, nuestra percepción de que estamos dejando a las próximas generaciones europeas la herencia de un futuro incierto, desunido y socialmente devastado por la desigualdad.

La Ciudadanía Europea ha pasado de la admiración al escepticismo; y, últimamente, con verdadero sobresalto, percibimos como los valores tradicionales de Europa se diluyen como un terrón de azúcar en el agua caliente.

Pensamos que las llamadas de atención, debidas a las consecuencias nefastas de la política económica europea de los últimos años, no han sido suficientemente oídas en su justa medida y han contribuido a reforzar las tesis de los que en su día defendieron, y hoy es una realidad, el Brexit del Reino Unido.

Por otro lado el proyecto insignia de la Unión, fundamental para el futuro de la Humanidad, como fue el Acuerdo Climático de París, se ha visto abatido por aquéllos que considerábamos nuestros aliados.

Es una decisión que no podemos comprender y que sitúa la vida en la Tierra, tal y como la conocemos, al borde del cataclismo mundial.

No podemos comprender que el actual gobierno de un país amigo y aliado, los Estados Unidos, con quien compartimos muchos de nuestros principios y valores, considere innecesario realizar políticas de eficiencia y mejora ecológica de la producción de los bienes que quiere exportar a la Unión Europea. Y, además, no podemos comprender ni compartir que se pueda “premiar” esta dolorosa y decepcionante actitud con un acuerdo comercial que rompa los estándares de seguridad y calidad que han tenido que cumplir obligatoriamente todas las fábricas y entidades de servicios europeos.

Desde nuestro punto de vista, el eje que debe imperar en este debate sobre “El futuro de Europa”, a un medio plazo (hasta 2025) debería centrarse en las personas, y recuperar la fuerza del timón social, que debe ser el eje para que volvamos a estar orgullosos de ser europeos.

Consideramos pues necesario:

  • Una línea clara de reforzamiento de las políticas sociales frente a las meramente económicas, que permitan llegar a verdaderos y tangibles parámetros de equidad, que limen las divergencias productivas,  sociales y territoriales en el conjunto de la Unión. Con muy especial atención en proteger a los más desfavorecidos y con un capítulo especial sobre la infancia y demás ciudadanía vulnerable a estos efectos.
  • Tememos que la amenaza terrorista integrista, sea la excusa de una Europa que se abra a la militarización del proyecto europeo, que solo responde a los intereses de los lobbys de las empresas armamentísticas, y a la pérdida de derechos y libertades públicas, que si se produce sería una fatua medida populista. Recuerden, por favor, que aquí no sirve el “ojo por ojo”, que termina con países llenos de ciegos, como diría el muy estimado Premio Nobel José Saramago.
  • Compartimos que los sistemas de los países de la Unión en relación a la protección social deben modernizarse, pero que dicha modernización no conlleve, de nuevo, los recortes, desmantelamiento, mercantilización y/o privatización de los servicios públicos de referencia.
  • Consideramos que la flexibilidad de las relaciones laborales ha supuesto una desregulación, con una fuerte devaluación del valor del trabajo. Déjenme que apunte sólo un dato sobre mi país, España. El  Banco de España, ha publicado el pasado mes su Informe Anual 2016. Trabajo en el que aporta un dato que evidencia la precariedad laboral que sufre el país: más de la mitad de los puestos de trabajo creados desde finales de 2013 son temporales. En concreto, explica el citado organismo,”la creación de puestos de trabajo temporales ha representado el 54% del total, lo que ha hecho que la ratio de temporalidad haya retomado la tendencia creciente“. Al mismo tiempo, la reforma legislativa sobre los empleos indefinidos (siguiendo las indicaciones europeas, según el Gobierno español) no ofrecen a los trabajadores seguridad, pues enmascaran también una alta temporalidad al haberse abaratado el despido.
  • Creemos firmemente en la idea de ser “más Europa” pero “en otra Europa”, bajo los principios de la Igualdad, la Fraternidad y la Solidaridad. Donde los países que van más adelantados tiendan su mano y apoyen a los que se retrasan, pues su futuro está en ellos, tanto social como económicamente.

Todo lo expuesto, permitirá que la ciudadanía europea pueda volver a decir con orgullo: “yo soy  Europa”; con todo lo que ello representa, pues lo diremos sabiendo que ello significa que pertenecer a una Unión de países donde se respeta la libertad y se trabaja por la Igualdad también se crece en Fraternidad.

MUCHAS GRACIAS SEÑORAS Y SEÑORES por su amable atención.

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